Algo sobre el idioma quechua
Hugo
Vallenas Málaga
*Guía Inca del Cusco-Ediciones Peisa, 2003
Celebración de campesinos cusqueños – foto
CEPLAN/Walter Wust
¿Runa simi o quechua?
Afirma el geógrafo
Javier Pulgar Vidal (1996) que los antiguos peruanos denominaban quechuas a los
habitantes de valles andinos como los de Cajamarca, Tarma o Cusco, atendiendo a
un criterio geográfico que no indicaba una delimitación étnica o idiomática.
Por un error de interpretación, los conquistadores españoles creían que siendo
quechuas (geográficamente) los cusqueños, también eran quechuas (étnicamente)
todos los habitantes del incario, debiendo llamarse igual su idioma más
influyente.
El peruanista
inglés Clements R. Markham señaló en 1907 este error, defendiendo que este
idioma debería llamarse nuevamente runa
simi. Es una curiosa coincidencia que el primer lexicón o vocabulario de
este idioma, denominado todavía “lengua general del Perú”, fuese elaborado en
un pequeño distrito del valle de Pachachaca, en el Perú central, llamado
Quichua, en 1560, por el misionero dominico fray Domingo de Santo Tomás. Los
tratados posteriores, como el que hiciera el jesuita Diego de Torres Rubio
(1754), se ocupan del “arte de la lengua quichua general de los indios del
Perú”, acaso por influencia del Lexicon de Quichua del dominico Santo Tomás.
Rasgos característicos
Coinciden los
especialistas en señalar cuatro rasgos característicos del quechua. El primer
rasgo de este idioma es ser aglutinante; es decir, que la mayoría de sus
expresiones se construyen añadiendo sufijos a los sustantivos básicos. Por
ejemplo: wasi quiere decir ‘casa’; wasiy quiere decir ‘mi casa’; wasikunapaq quiere decir ‘para las
casas’ y wasinchikmanta, ‘acerca de
nuestra casa’.
En segundo orden,
predomina en el quechua el acento en la penúltima sílaba. Las excepciones pueden
indicar otra significación. Por ejemplo warmaya
(con acento llano) significa ‘pobre muchacho’, mientras que warmayá (con acento agudo) quiere decir
‘es el muchacho’.
En tercer término,
casi no se emplean artículos, conjunciones ni preposiciones, ni existen
terminaciones diferentes para distinguir el género. En este último caso, con el
fin de diferenciar el sexo del sujeto se emplean modificadores como warmi wawa (‘niña’) y qari wawa (‘niño’).
En cuarto lugar, en
cuanto a características fonéticas, sólo tiene tres vocales: i, u, a; y carece
de las consonantes b, d, g, f, rr, que hoy en día sólo se emplean para asimilar
palabras tomadas del español. Siendo un idioma unitario, presenta variantes
regionales que difieren en cuanto a acento y a ciertas denominaciones y
conjugaciones verbales, como es el caso del quechua de Cusco respecto al
quechua huanca o de Junín. Está en discusión el origen regional de este idioma,
que según los estudios realizados por Alfredo Torero se localizaría, en tiempos
preincaicos, en la costa central.
Influencias mutuas
El quechua es un
idioma de gran musicalidad y concisión. Carece de raíces que permitan traducir
apropiadamente palabras como motor o gasolina, pero es ricamente expresivo en
el contexto rural, de estrecho contacto con la naturaleza, que le es propio. En
este ámbito el quechua tiene muchas voces de las que el español carece, como allay (‘extraer tubérculos de la
tierra’), haypuy (‘dar a todos por
igual’), nakay (‘matar animales con
fines de alimentación’) o chaqllay
(‘construir de forma provisional con ramajes o cañas’).
Una característica
de la difusión del quechua realizada por los misioneros de los siglos XVI y
XVII ha sido la incorporación de vocablos caribes reemplazando vocablos
quechuas tradicionales. Tal es el caso de “curaca” (jefe de tribu o comunidad
andino) por “cacique”; “”aqa” por “chicha”; y “ají” por “uchú”, entre muchos
otros vocablos.
También es notable
cómo se han incorporado al habla corriente del idioma español muchas palabras
quechuas. Cuando los hombres machos
se quitan los ponchos y juegan pelota
en la cancha, fieros como pumas, después de haber trabajado en la chacra con la lampa, lo hacen empleando términos quechuas.
¿Hubo literatura en runa simi?
Los estudiosos
todavía no han podido establecer si hubo o no escritura en el Perú incaico.
Esto se debe a que durante la Conquista se atacó con mucho celo toda huella
cultural autóctona por ser “testimonio de idolatría”. Es posible que existiera
una forma ideográfica de escritura, pero sus vestigios y su práctica fueron
extirpados junto con los sistemas de contabilidad, astronomía, ingeniería,
medicina y otras formas de conocimiento. Por lo demás, es muy indicativo que el
idioma quechua tenga un verbo que significa específicamente ‘escribir’:
qillqay.
Los cronistas
concuerdan en que los incas tenían representaciones teatrales, recitales
poéticos y canciones que eran conservados de generación en generación y
difundidos en todo el imperio. También se conocen himnos dedicados a
determinados incas y a los dioses. Durante la Colonia, dos obras teatrales en
verso, Ollantay y Usca Páucar, fueron reescritas en
quechua por clérigos, basándose en fuentes orales tradicionales.
La poesía quechua
—como lo señalaron en su momento el Inca Garcilaso, Blas Valera y Cristóbal de
Molina— tenía su métrica, estrofas y consonancias que le eran propias. La
riqueza expresiva del quechua fue preservada y desarrollada por predicadores
deseosos de hacer llegar la fe cristiana al hombre andino. Tal es el caso de
fray Luis Jerónimo de Oré, nacido en Ayacucho, que publicó en 1598 el Symbolo Catholico Indiano, obra bilingüe
que expone el catecismo en español y quechua, incluyendo en esta lengua un
compendio de historia universal y bíblica. Oré y muchos presbíteros de la época
compusieron en quechua y aimara oratorios y diversas obras en verso y prosa con
fines catequísticos.
A partir del siglo
XX la literatura quechua ha sido motivo de renovado interés, sobre todo gracias
al esfuerzo de divulgación de José María Arguedas, quien insistió en que sea
reconocido como un idioma vivo y apto para la creatividad literaria. Arguedas,
al igual que Mario Florián y Kusi Páukar (César Guardia Mayorga), entre otros,
han aportado una valiosa obra literaria, pensada y escrita en quechua, que
refleja la realidad del Perú contemporáneo y demuestra la vigencia y las
amplias posibilidades estéticas del idioma de los incas. La constitución de
1979 (art. 83) y la de 1993 (art. 48) han consagrado al quechua como uno de los
idiomas oficiales del Perú.


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